Llevo poco tiempo en esto del fútbol femenino. A muchos madridistas nos pasaba que hasta hace poco tiempo el Real Madrid no tenía equipo femenino y seguir el fútbol femenino equivalía a ver dolorosamente cómo los equipos rivales del Real Madrid en la liga masculina, tenían equipos potentes que ganaban torneos sin apenas oposición. Allá por el verano de 2019 el Real Madrid anunció un acuerdo de adquisición con el entonces CD Tacón, que tendría que ratificarse en asamblea de socios en septiembre de ese mismo año, pero que no podría hacerse efectiva hasta el comienzo de la temporada 20/21 y fue entonces cuando decidí ponerme a ver fútbol femenino.
El Tacón era un club femenino, fundado a finales de 2014, con una buena base y una prometedora cantera que había tenido un ascenso meteórico hasta primera división. En realidad, había tenido un pequeño tropiezo un año antes al caer en la "final" por el ascenso. Lo que motivó la contratación de un nuevo entrenador, David Aznar, quien, éste sí, logró el ascenso a primera.
Un ascenso tan meteórico en el fútbol, aún siendo no profesional como lo era el Tacón, requiere una inversión y esta inversión pasó factura. El Tacón incurrió en fraude a la seguridad social y en impagos a sus jugadoras. Lejos de la leyenda "blanca" de que era un equipo pensado y construido con la intención de llegar a ser el Real Madrid, lo cierto es que a más corto plazo que largo, iba a estar abocado a un descenso o desaparición si no entraba alguien a pagar las deudas. El Tacón necesitaba al Real Madrid bajo riesgo de desaparecer, Ana Rosell, su ex-colchonera presidenta, estaba en un buen lío y el Real Madrid necesitaba un equipo como el Tacón, que no necesitase un montón de años para llegar a la élite del fútbol español. Si no, véase lo que le cuesta al Castilla llegar a segunda división. Más en esta realidad inclusiva y feminista que vivimos ahora donde el Real Madrid no podía ser uno de los pocos grandes europeos que no tuviese equipo femenino.
Es de suponer que el Real Madrid llegara a un acuerdo en el que se hacía cargo de las deudas, y Ana Rosell se blindara de alguna forma.
Por cierto, esos impagos denunciados ante la AFE, sacados a relucir periódicamente por la prensa contra el Real Madrid, no llegaron a ninguna parte en los tribunales, y todo eso se acabó en cuanto el Real Madrid se hizo cargo de las cuentas. Pero sí es cierto que dan un poco de carnaza a la prensa carroñera antimadridista cuando no tiene nada mejor, ni más hiriente, que sacar a relucir.
La temporada 19/20, irregular en lo deportivo y con un final abrupto por la pandemia, supuso la certificación de que el Tacón se mantenía en primera (de hecho ninguno de los equipos descendió), y de que el Real Madrid iba a tener un equipo en la máxima categoría del fútbol femenino.
Lo mejor del fútbol femenino era que, aunque no se retransmitieran todos los partidos, los que lo hacían se podían ver gratis. Esto es fundamental para un disciplina deportiva que necesite llegar a una masa crítica antes de dar el salto a la profesionalización, y al cobro de derechos por televisión.
Personalmente yo había dejado de ver prácticamente fútbol masculino en los últimos años, salvo mundiales o europeos de la selección, o amistosos de verano de los clubes, por la misma razón. Si querías ver el fútbol de pago en todas sus competiciones tenías que desembolsar cantidades mensuales que en algunos casos son importantes en la economía familiar, o verlo en la cueva de la habitación buscando canales pirata de baja calidad, o bajarse al bar a gastarse el dinero en cerveza entre una panda de cuñaos borrachos y gritones. Lo del pago lo hice hasta que vi que mi economía se resentía con los más de 100 € que suponían las diferentes suscripciones para ver el fútbol, cuando además mi horario de trabajo apenas me permitía ver menos de la mitad de los partidos de mi equipo favorito. Lo del bar nunca me apeteció y nunca lo hice. Y lo de quedarme con el ordenador encontrando enlaces maliciosos con publicidad invasiva, lo hacía cada vez menos.
Fue en ese momento del primer año del Tacón en primera, cuando retomé mi pasión por el fútbol. Ya no me valía sólo ver los partidos en la tele. Necesitaba informarme y saber más de las jugadoras y de cómo iba mi equipo, quería saberlo todo. Así que llegué a Twitter.
CRASO ERROR.
En la red más tóxica de internet se pintaba el fútbol femenino como un paraíso donde las aficiones vivían en concordia, el colectivo LGTTBIQ+ podía saciar su sed de fútbol sin que sintieran discriminación y donde todos eran bienvenidos. Todos...
...menos el Real Madrid.
Ya a principios de la temporada 20/21, se estrena el documental "Un sueño Real" y especialmente Twitter empieza a hervir con comentarios antimadridistas. Recuerdo un pequeño fragmento donde salía una de las hermanas Ortiz (no las distingo), diciendo aquello de la oruga y la mariposa, o de que antes no podían ni tener un sitio para sentarse en el vestuario, y ahora tenían un vestuario enorme. Cualquier persona imparcial se hubiera enternecido con comentarios tan sinceros y carentes de malicia, y habría apreciado lo positivo que un club serio y de la categoría del Real Madrid puede aportar.
Hordas antimadridistas comienzan a entrar a mi rettwit y a lanzar comentarios de odio. Que si habíamos logrado en los despachos lo que no habíamos logrado en el campo, que habíamos venido a romper "el paraíso" femenil, etc...
Ante esto sentí la necesidad de rebatir esas opiniones. Que si otros equipos que tanto presumen habían hecho lo mismo etc... Cuando rebates una opinión y el otro ve que sus argumentos son débiles comienzan a insultar...
Últimamente la polémica de la red social más tóxica del universo era si Aznar debía continuar. A pesar de que partió de un video de Youtube donde 3 de 4 participantes imparciales apostaban porque sí que debía continuar, en Twitter se me echan como hienas todos en contra por defencder la continuidad de Aznar.
Hasta que recibo insultos. Veo que los cortos mensajes de Twitter son insuficientes para dar explicaciones de mi postura, y recuerdo que yo antes era muy aficionado a los Blogs.
Por eso estoy aquí.
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