Yo sé exactamente en qué momento supe que era del Real Madrid.
En lo que entonces llamaban parvulitos, lo que llamamos ahora educación infantil, más o menos a los 4 o 5 años, un niño de la clase se trajo una pelota. Era de largo el que mejor jugaba y organizó un partidillo en el recreo. En vez de escoger capitanes y que se alternaran eligiendo jugadores, nos puso a todos en fila india, nos fue preguntando de qué equipo éramos y nos situaba a uno u otro lado. Por entonces todos éramos o del Real Madrid o del Atlético de Madrid. Estábamos en la provincia de Madrid y todavía a nadie se le ocurría ser del Barcelona a pesar de que acababa de comenzar la era Cruiff.
Según avanzaba la cola me di cuenta de que yo no sabía de qué equipo era. No tenía ni idea de fútbol, así que cuando llegó mi turno fui yo el que le preguntó a Luis Fernando, o Luisfer, que así se llamaba nuestro compañero que mejor jugaba al fútbol, de qué equipo era él. Me dijo que del Real Madrid. A lo que yo respondí "¡Como yo!". Y así fue como jugué en el equipo donde jugaba el mejor.
Años más tarde me sorprendió ver en casa entre la ropa que se le había quedado pequeña a mis hermanos, dos pares de botas y un par de camisetas del Atlético de Madrid.
Resulta que en mi casa mi padre y mis hermanos eran del Atleti. Y yo sin saberlo. Y mucho que les agradecí que no me hablaran de fútbol hasta yo tener claro de qué equipo era.
Yo veía en mi casa con mi madre los partidos de baloncesto del Real Madrid, las eliminatorias contra el Maccabi, el Partizan o el CSK. Ella decía que en fútbol, era de la selección y de algunos jugadores concretos: Pirri, Santillana, Butragueño, Raúl...
Yo soy del Real Madrid porque a mi padre se le olvidó decirme de que equipo era. Pero también porque siempre quise estar con los mejores. Y, a pesar de todo, de los ratos familiares, de los años de sequía, de las décadas sin volver a conquistar una copa de Europa, de que nos decían "que todas las copas que habéis ganado son en blanco y negro", de haber perdido la liga en la última jornada varias veces, de haberlo tenido fácil para cambiar, porque mis hermanos, porque el Barcelona tuvo muchos años dulces, de tener que soportar el mal rollo de los aficionados de otros equipos, jamás cambié. No sé si por el defecto de ser un cabezota de ideas fijas, o por la virtud de ser fiel.
Y mi recompensa vino cuando ganamos la séptima. Entonces todo se confirmó. El Real Madrid, era, había sido, y lo sería siempre, el mejor equipo del mundo.
Ahora bien, en cuanto tuve familia propia, lo primero que hice fue asegurarme de que mis hijas supieran que en nuestra casa somos del Real Madrid. Y luego ellas escogerán si quieren ser o no de otro equipo. Pero, como padre responsable que no quiere que sus hijas sufran, no puedo empujarlas a que sean de mi equipo rival.

No hay comentarios:
Publicar un comentario